Decir “Voy a casa” para un expatriado no es tan normal como se pudiese pensar. Cada vez que se pronuncia esa frase, se generan en mí una serie de sentimientos encontrados. Ni que decir de la famosa frase “hogar dulce hogar” Después de mudarte varias veces de país: ¿dónde queda “casa”?

Apenas un mes después de haberte mudado, todavía sientes que estas en un viaje de vacaciones. Sin embargo, alrededor de unos tres meses después, te das cuenta de que tienes una nueva rutina de vida, que los sitios y las personas son diferentes. Hasta debes aprender nuevas formas de comunicarte, bien sea por la diferencia de vocabulario dentro de un mismo idioma o debido a un idioma totalmente diferente.

Lo cierto es que vas encontrando la manera de acoplarte a un nuevo ritmo y a una nueva cultura. Al final de un día lleno de nuevos aprendizajes y ajustes, terminas sintiéndote a salvo en tu nueva casa.  Te das cuenta de que el cambio llegó para quedarse, al menos por cierto tiempo.

La comparación es inevitable. Comparas el clima de tu nuevo país con el de tu país de nacimiento, comparas las calles y hasta comparas a las personas en su trato. Es en esa comparación donde encuentras aprendizaje, pues entiendes que en otros países practican normas que servirían de mucho en tu ciudad natal y a la vez entiendes que a tu nueva ciudad, le hace falta mucho de la tuya.

La nostalgia llega pero encuentras la forma de sobrellevarla. En mi caso, aproveché cada nuevo país en el que viví para conocer y aprender todo lo que pudiese, tanto de la ciudad donde vivía como de sus ciudades cercanas. Aproveché la oportunidad de mezclarme con los locales y con otros expatriados, lo cual me sirvió para aumentar mi número de amigos y aprender de sus experiencias de vida.

Con la llegada de las vacaciones, llegó el gran momento: volver a ese lugar llamado “casa” para reencontrarte, por un corto periodo de tiempo, con la familia que dejaste en tu país natal. Cuando vuelves lo haces con la emoción de recuperar tu rutina, tu cama, tu lugar favorito de la casa, tus amigos y lugares especiales de tu ciudad.

Básicamente, dejas tu “casa” para volver a “casa” de forma temporal. Cuando vuelves encuentras que algunas cosas han cambiado y si estuviste fuera mucho tiempo, te llevas la triste sorpresa de que algunas personas ya no están. Lo más especial es el reencuentro con tus seres queridos, las largas conversaciones, las risas, las comidas compartidas, las buenas noticias. Este reencuentro se convierte en la vitamina de tu vida, te da las fuerzas suficientes para volver a tu nueva rutina lejos de allí y te alcanza hasta las próximas vacaciones.

Con el transcurrir de los años y de mis mudanzas internacionales, he aprendido que “casa” es mucho más que un sitio físico. “Casa” es ese lugar donde te sientes a gusto con los seres que amas, ese lugar donde descansas, donde lees un libro y cocinas tu comida favorita, ese lugar donde te sientes feliz, donde puedes reír sin parar, donde puedes llorar y donde puedes encontrar las fuerzas de seguir adelante.

Tu “casa” la construyes tú donde quieras y en ella tendrás todo lo que desees agregarle.

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