«Los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias».

(Eduardo Galeano)

Nuestro cuerpo está conformado por 206 huesos, además de ligamentos, tendones y músculos, pero hay mucho más que nos mantiene en pie: el amor, la voluntad y hasta los temores.
Hay momentos en mi vida en los que me asombra la resistencia y fortaleza que me mantienen en pie y llego a preguntarme: ¿de dónde saco tanta fuerza?
Me he quedado sin aliento. El dolor en mi espalda anuncia que he llegado al límite, pero la satisfacción del deber cumplido, para mí, no tiene precio.
Haciendo retrospección, llego a mi niñez y encuentro a mi madre cumpliendo un horario de oficina, pintando las paredes de nuestra casa o montada encima de una caneca para ajustar los tacos de electricidad.
En ese dulce regreso a mi infancia, también veo a mi padre: siempre con una sonrisa, siempre con un chiste y hasta logro escuchar sus carcajadas.
Me convertí en madre a los 10 años de edad. ¡No se asusten! ¡No es lo que están pensando! Mis padres se divorciaron cuando yo solo tenía 5 años. Mi madre tenía un avanzado estado de embarazo. Esperaba a mi hermano, que luego se convertiría en mi hijo, mi compañero de juegos y mi confidente.
Mientras mami trabajaba, nos cuidaron las primas, las vecinas y los tíos. Pero cuando cumplí los 10 años empecé a cuidar de mí y de mi hermano: lo bañaba, le daba de comer y me aseguraba de que cumpliera con sus deberes escolares. Recuerdo que cuando aprendí a hacer huevos revueltos, salí corriendo a contarle a la vecina.
Así crecí yo, asumiendo responsabilidades antes de tiempo, aprendiendo a cocinar mucho antes que otras niñas y aprendiendo a ser el representante de mi hermano en el colegio.
No se preocupen, tuve tiempo para jugar, pero tuve mucho más tiempo para entender, mucho antes de lo esperado, de qué se trata la vida.
Mi madre era conocida en la industria petrolera como “la dama de hierro”. Su trabajo consistía en hacer cumplir las normas y procedimientos del departamento de protección y seguridad. Ella no terminó sus estudios de educación básica y quizá por ello me instó de forma férrea a terminar mi universidad, a convertirme en una mujer profesional, destacada y tan poderosa como Margaret Thatcher conocida en esa época como “La dama de hierro “del Reino Unido ¿qué coincidencia no?
Mi padre por su parte, era el chico popular de mi ciudad, una pequeña urbe de casi 500 mil habitantes, donde se destacó por ser un gran empresario, presidente del Rotary Club y del Cuerpo de Bomberos.
Hoy en día me siento afortunada y orgullosa de mi historia de vida. Como pueden ver, con estos antecedentes, yo contaba con los ingredientes perfectos para la receta cuyos resultados ustedes conocen hoy.
Estoy hecha de disciplina, de normas y procedimientos, de una voluntad inquebrantable por hacer las cosas bien hechas y por un hambre insaciable de aprendizaje y de compartir mis experiencias de vida con aquel que lo necesite.
Pero también estoy hecha de amor, de alegría y de sonrisas. Canto mientras conduzco y cuando camino sola en la calle, bailo mientras cocino y lloro cada vez que sale un avión.
Es así como cuido de mi familia. Dándoles a mis hijas el hogar que yo no tuve. Cultivando una relación de pareja, de la que nunca tuve ejemplo y viviendo con pasión cada uno de mis días.
Hoy estoy en día, no me canso de conocer personas que le agreguen color a mi jornada, porque además amo todo aquello que estimule mi actividad intelectual y porque haciendo lo que hago, tal como todo lo que sucede diariamente en mi vida ¡ME SIENTO VIVA y CELEBRO LA VIDA!