“La forma en que nos comunicamos con otros y con nosotros mismos, determina la calidad de nuestras vidas” Anthony Robbins

En los últimos tiempos, me ha llamado la atención  cómo la comunicación escrita a través de dispositivos electrónicos se usa con mayor frecuencia que las conversaciones directas, físicas o telefónicas.

Entre mis contactos cercanos, veo como el intercambio de textos o notas de voz, ha venido a reemplazar la comunicación directa.

También observo la cantidad de malos entendidos y ruptura de relaciones de amistad o laborales, debido a la interpretación que le damos a los textos escritos.

Cuando leemos un mensaje de texto, un email o WhatsApp, desconocemos totalmente la emoción, el ánimo o la disposición con la que fue escrito y por tanto, le otorgamos el significado que nos dicta en ese momento: nuestro propio estado de ánimo, nuestras experiencias previas, nuestras creencias o nuestra disposición con relación a quien nos escribe.

Es sumamente importante verificar el estado de ánimo o la intención de quien nos escribe, antes de asumir una posición antagónica. Esto se puede hacer aclarando la situación con una conversación directa bien sea a través de una llamada telefónica o de una conversación presencial.

Con el propósito de mantener una comunicación sana y saludable con quienes nos rodean, es recomendable recuperar la comunicación directa, sobre todo si se trata de temas importantes o delicados.

Nada como una amena conversación para reforzar lazos de amistad, para lograr un acuerdo comercial o para armonizar con tu pareja, entre otras.

Te invito a reflexionar sobre lo siguiente:

¿Cuál es el medio que más utilizas para comunicarte?

¿Cuándo fue la última vez que disfrutaste de una buena conversación?

¿Has tenido algún mal entendido debido a una conversación por WhatsApp?