«Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: LA VOLUNTAD».

(Albert Einstein)

Hace algunos años la vida decidió sorprenderme con un giro de 180 grados, dejé de vivir en mi país, para vivir en 3 países diferentes con lenguajes y costumbres distintas. Me invadía la incertidumbre, la nostalgia y el miedo. Sin embargo, mis hijas y mi esposo me necesitaban, pero me necesitaban fuerte como un roble. No había espacio para llorar, ni para esconderme. Mi prioridad es mi familia y apoyarlos a ellos a adaptarse a los nuevos cambios en cada país, me permitió superar mis propios desafíos y resultar más fortalecida que nunca.
Soy una feliz madre, esposa, hija y hermana. Me encanta conversar, conocer personas nuevas y aprender de sus historias. Pero además, con mucha determinación me he dedicado a mi desarrollo personal. Estudié en una Escuela de Escritores, estudié Coaching, PNL y los estilos de pensamiento según la metodología Benziger®. Actualmente, estoy estudiando una maestría en Gerencia Ejecutiva Global y soy Vicepresidente Educativo de un Club de Oratoria Internacional: Toastmasters.
¡Esa soy yo! Pero…saben qué? ¡No estoy sola! No soy la única que busca de forma constante aprender y renovarse con mucha voluntad. Hay otros seres con voluntad de hierro que admiro y que me inspiran. A continuación te cuento acerca de ellos.
Kami Rita es un nepalí de 48 años que el pasado 16 de mayo se convirtió en el hombre que más veces ha coronado el Everest. Kami alcanzó el techo del mundo por vigésima segunda vez. Es miembro de la etnia de los Sherpas, cuyo nombre significa «la gente del este», proviene de una familia muy humilde y no pudo ir a la escuela ya que tuvo que trabajar desde pequeño dedicándose al montañismo. Espera «hacer historia» situando la marca de ascensos en 25, aunque sabe que no será fácil, ya que ese tipo de escaladas entrañan muchos riesgos. Para Kami Rita, el montañismo está en la sangre. Su padre fue uno de los primeros sherpas luego que Nepal permitió por primera vez que vengan extranjeros a escalar sus montañas, en 1950. La mayoría de sus parientes varones han llegado a la cima por lo menos una vez.
Raúl Ordoñez aprendió a escribir con los ojos para permanecer en contacto con el mundo. Desde hace once años, su mirada le sirve para hablar con su esposa y con las enfermeras que lo cuidan las 24 horas. A este ex-tenista caleño, que ayudó a formar en Estados Unidos a estrellas mundiales del tenis como Andre Agassi y Mónica Seles, le diagnosticaron la misma enfermedad que padecía el científico Stephen Hawking. Raúl está atrapado en un cuerpo que no le obedece. Sin embargo, inventó un sistema para comunicarse solo con sus ojos. De este modo, logró escribir un libro en el cual cuenta su vida y para el que está buscando una editorial que lo publique.
Juntando y separando sus párpados, pide que abran o cierren la puerta corrediza de la habitación de su casa en Jamundí, Valle del Cauca, y que le suban a la cama a su hija, Gabriela, de 5 años. A pesar de esas dificultades y de vivir conectado a una máquina, Raúl encuentra alegría en momentos simples: en la carrera de su hija hacia su cama para darle besos; cuando la ve jugando tenis desde su silla de ruedas o cuando pasa horas con ella frente al televisor viendo programas de dibujos animados. La enfermedad tampoco le ha arrebatado las ganas de ayudar a los demás. Tiene una fundación donde 40 niños de escasos recursos reciben clases gratuitas de tenis en Jamundí.
Estas son historias veraces. Y yo me pregunto:
¿Cuál es el denominador común entre estas historias?

¿Qué hace que una persona se enfoque en una meta y no descanse hasta lograrlo?

¿Qué es eso que nos impulsa a volvernos a levantar cuando tropezamos con una piedra más de tres veces y cuando todo parece imposible?

El esfuerzo por sobresalir, luchar por el éxito y conseguir los objetivos es lo que define a la motivación de logro, una teoría desarrollada en los años 60 por David McClelland.
Según este psicólogo americano, la motivación de las personas se basa en la búsqueda de satisfacción de alguna de estas tres necesidades:
• Necesidades de logro: están vinculadas al deseo de la persona por superar desafíos y completar tareas exigentes.
• Necesidades de afiliación: se refieren al interés de la persona de relacionarse con los demás y sentirse parte respetada de un grupo.
• Necesidades de poder: surgen de la voluntad de las personas por influenciar y controlar el comportamiento de los demás.
Generalmente, estas tres necesidades conviven en una misma persona, aunque siempre hay una de ellas que es predominante.
Y… ¿cómo hacemos para aumentar nuestra motivación al logro?
La motivación al logro va más allá que otra clase de motivaciones. Es la superación en su sentido más amplio, es el deseo por desarrollarse y crecer al máximo exponente.
Por más libros que hayamos leído, conferencias y talleres a los que asistamos, terapias que tomemos, películas que veamos, hay situaciones o momentos en los que, como si fuéramos un celular perdemos la cobertura o nuestra batería se agota y es cuando se hace necesario recargarnos nuevamente. Nadie, a menos de que haya alcanzado un grado de iluminación como el que vivió la Madre Teresa de Calcuta o el de Buda, vive un mundo color de rosa, pero si elegimos vivir motivados, la mayor parte de nuestra existencia puede ser muy placentera.
Caer es permitido, levantarse, las veces que sea necesario, es obligatorio, pero todo depende de nosotros.
Existen estrategias que nos ayudan a levantarnos, a motivarnos y volver a encontrar esa emoción por la vida que nos impulse como un cohete de la Nasa hacia la realización de nuestros deseos.
Algunos pasos que he tomado para aumentar la motivación al logro y que me han impulsado a ir por más resultados son:
• Identifiquemos objetivos: ¿Qué es lo que deseamos lograr? ¿Qué es lo que realmente nos mueve y hace brincar el corazón de emoción de solo pensar que lo vamos a lograr?
• Para qué queremos lograrlo: analicemos las razones por las que queremos eso, ¿Para qué queremos ser grandes oradores? ¿para qué queremos convertirnos en líderes de alto impacto? Contestando preguntas de este tipo, recordaremos la importancia que tiene para nuestras vidas alcanzar nuestros objetivos.
• Visualicemos nuestras metas: imaginemos que nuestra misión está cumplida, cerremos los ojos, sintamos al máximo que hemos logrado nuestras metas. Abramos los ojos…¿qué tal se sintió eso? Empoderador ¿cierto?
• Escribamos nuestras metas: coloquémoslas en un lugar visible, en el fondo de la pantalla del celular, en el techo para que cuando abramos los ojos sea lo primero que veamos o en el espejo del baño. De este modo estaremos enfocados todos los días. Además, hagámoslo a modo de afirmación o decreto y en presente.
• Todos somos uno: apoyémonos en los que nos rodean o rodeémonos de personas que nos apoyen, que no nos digan lo que deseamos escuchar, que nos rodeen quienes nos tiendan una mano, quienes nos enseñen o acompañen en el camino a nuestras metas, inclusive en esos momentos en los que de pronto queremos desistir.
Recuerden diariamente algo muy importante y básico: Enfoquemos en positivo nuestras palabras, nuestra energía y nuestros pensamientos.
Somos los únicos que podemos llegar donde queremos estar. Nadie puede hacerlo por nosotros ¡Nosotros podemos lograrlo! Tomémonos en serio nuestros objetivos y trabajemos por ellos. Lo que vivimos es parte de nuestras decisiones.